¡Calla!

¡Calla!

Queridos lectores: ¿Alguna vez han deseado que alguien se calle? Yo sí, innumerables veces…

Papá no ha dejado de gritarme desde que llegué de la escuela. Estoy harto de que me recuerde una y otra vez mis errores. Ambos sabemos que no soy perfecto y que a penas estoy aprendiendo a ser el hombre que quiere que sea. Sin embargo, parece que para él nunca será suficiente. Me dan ganas de gritar y decirle que se calle, que, por favor, vea en mí todo lo bueno que hay, pero en cambio bajo la mirada y sigo escuchando cada una de sus palabras, como si fueran balas perforando lo poco que queda de mi corazón.

Anne Kayve

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