Hermano, hermana

Hermano, hermana

Queridos lectores: desgraciadamente, a veces no nos toca la familia que tanto quisiéramos. Sin embargo, me he dado cuenta que debemos aceptar la que tenemos con la cabeza en alto, pues por más que queramos, no la podremos cambiar.

Fuimos tres. Hermosos, bellos y tan invencibles o al menos así nos describe mamá cuando le preguntan cómo fue nuestro nacimiento. Muchos tienen esa duda, sobre todo cuando se enteran que somos trillizos. Luego, cuando ella responde, nos voltean a ver para corroborar sus palabras. Muchos terminan decepcionados, por supuesto, pero no dicen nada, ya que saben que ellos también exageran las virtudes de sus hijos.

Al ser trillizos, todos esperan que seamos unidos. De esos chicos que van al mismo grado juntos, que empiezan a tener novios al mismo tiempo o que deciden casarse sincronizados. Desgraciadamente, nuestro caso no es así.

Somos dos hombres y una mujer. Yo fui el último, lo cual me ha dejado lejos del círculo de mi hermano, mi hermana. Ellos parecen ser uno sólo. Creo que haber nacido tres minutos tarde fue el motivo y siempre ha sido así. Es tan notable su forma de actuar que muchos no saben que yo siquiera existo. Nunca están conmigo e idearon la forma perfecta para que mi madre me cambiara de salón.

No se los reprocho siempre, es bueno poder tener mi individualidad y mi espacio, pero a veces quisiera ser como ellos, tan conectados y tan cercanos. Ojalá algún día pueda lograrlo. Mientras tanto, seguiré amándolos, con todo mi corazón. Hermana, hermano, aquí estoy para ustedes.

Anne Kayve

Imagen de Lorri Lang en Pixabay

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