Nadie lo sabe

Nadie lo sabe

Queridos lectores: hay cosas de nosotros que nadie sabe. Es mejor guardarlas en secreto… ¿o no?

Estando en mi lecho de muerte, puedo ver mi vida pasar. Me arrepiento mucho más de las cosas que no intenté por miedo, que de las que fracasé. Por eso, con las pocas energías que me quedan, agarró el teléfono y, después de 30 años, le marcó a mi madre. Quiero escuchar su voz por última vez.

Ella contesta y yo lloro tan solo escuchar su voz.

-Nadie lo sabe, ni tú, pero te amo -le susurré sollozando – Y ya no quiero que sea un secreto.

Del otro lado de la línea, no escuché nada, pero después su voz dulce, me dijo que no es un misterio y que siempre lo ha sabido. Que solo estaba esperando que me atreviera a decírselo.

Yo, al ver que sigue siendo la mujer que más me conoce, decido ir directamente a su casa, sin perdida de tiempo y ahí nos fundimos en un hermoso abrazo que dura la eternidad.

Anne Kayve

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