Sin rastro

Sin rastro

Queridos lectores: me duele en el alma pensar que algún día perderé a mi perrito. A raíz de ese pensamiento, nació el siguiente relato.

Viví con mi hermana por cinco años. Después, ella se mudó al departamento de al lado porque tuvo el dinero suficiente para independizarse. El único problema es que teníamos a furia, un pequeño gatito negro y ninguna de las dos queríamos separarnos de él.

Así que llegamos a un trato. Furia iba a dormir alternadamente con cada una de nosotras. Al principio fue difícil acostumbrarlo, pero después ya sabía con quien irse. Por ello, siempre le dejábamos abierta la ventana.

Un día, cuando le tocaba dormir conmigo, no acudió. Yo no me angustié porque pensé que a lo mejor se había quedado con mi hermana un día más. Sin embargo, sí me encargué de decirle a ella que lo cuidara bien.

Ella, asustada, me dijo que no estaba en su casa. Entonces, ambas salimos a buscarlo. Fue un día angustiante, pues recorrimos todos los parques cercanos y no logramos hallarlo. Era extraño, pues él no solía alejarse de nuestra cuadra.

Nunca regresó ni supimos qué le pasó. Simplemente desapareció sin dejar rastro, pero desde ese día dejó la ventana de mi casa abierta… por si regresa.

Anne Kayve

Imagen de male96 en Pixabay

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